martes, 26 de julio de 2011

ENERGIA NUCLEAR



Introducción la energía nuclear

En los últimos años el planeta ha venido sufriendo distintos cambios, muchos de ellos graves, entre ellos el cambio climático. Este problema, a pesar de ser ocasionado por la actividad humana, está afectando la vida no sólo de las personas, sino también de ecosistemas, plantas, animales, y poniendo en grave riesgo la biodiversidad. Como causante principal de éste fenómeno, el ser humano debe responsabilizarse y encontrar alternativas más sustentables para la realización de sus diferentes actividades. Como es sabido, los gases de efecto invernadero, principalmente el CO2 como residuo de los combustibles fósiles utilizados para actividades humanas, es uno de los principales contribuyentes al cambio climático. Debido a esto, se ha planteado la necesidad de la creación y utilización de formas de energía más limpias y más sustentables. Una de ellas es la energía nuclear, que a pesar de ser considerada una fuente alternativa, está en medio de un debate debido a las connotaciones negativas que se le dan debido a su uso como arma de destrucción masiva tras las bombas en Hiroshima y Nagasaki, y a su relación con enfermedades como el cáncer.
El tema “nuclear” es bastante polémico, pues es considerado un instrumento de avance, tecnología y bienestar, pero al mismo tiempo es considerado un potente destructor (Nieto-Galán, 2004). El debate sobre el uso de la energía nuclear gira en torno a su alta inseguridad con respecto al medio ambiente por la radiación y los desechos radiactivos de alta actividad (Castejón, 2004), así como a los posibles daños a la salud







                                              
relacionados a partir del accidente nuclear en la planta de Chernóbil (Greenpeace Internacional, 2006). Otro punto de debate importante gira en torno a la necesidad de uranio para su producción (Robert G. Watts, Robert Krakowski, Richard Wilson, 2002).
El uranio es un elemento natural que se extrae en la tierra, lo que posiciona a la energía nuclear como una alternativa dependiente y no sustentable, pues el uranio no es un recurso ilimitado como el sol o el viento, lo que plantea un limite a su utilización.
En este ensayo expondré las diferentes posturas frente al uso de la energía nuclear, sus ventajas y sus desventajas. Además expondré el caso de diferentes países que utilizan o planean utilizar la energía nuclear para satisfacer su demanda energética. También analizaré las ventajas que la energía nuclear ofrece, así como los posibles daños al medio ambiente, el problema del manejo de residuos radiactivos y el posible daño a la salud de personas que estén expuestas a la radiactividad.
Por último, abordaré de manera breve otras alternativas energéticas y las ventajas que éstas ofrecen, específicamente la energía solar y la energía eólica.
I. Importancia de la energía nuclear y su uso en diferentes partes del mundo
A nivel mundial, en el año 2005 la energía nuclear suponía siete % de la energía primaria y el 16% de la generación de la electricidad. Para el mismo año existían 443 reactores nucleares en funcionamiento y cuatro más estaban en su fase de construcción. En la Unión Europea, una de las regiones donde más se utiliza la energía nuclear, los 148 reactores en funciones en 2005 proporcionaban una tercera parte de la generación de electricidad (Landa, 2006). Página | 3







                                                
La siguiente imagen muestra la localización de las plantas nucleares existentes en el año 2006.
Extraído de: http://www.elmundo.es/especiales/2006/04/ciencia/energia_nuclear/energianuclear/mundo.html#reinounido
A lo largo de las últimas décadas diferentes países, sobre todo europeos, han mostrado una postura favorable en relación al uso de la energía nuclear. Uno de éstos es Francia, que desde los años 50 del siglo pasado se convirtió en un importante promotor de la energía nuclear como apuesta energética (Nieto-Galán, 2004). Francia es uno de los diez mayores consumidores de energía nuclear a nivel mundial y el segundo en la Unión Europea. Además es el mayor productor de energía nuclear y tiene el segundo lugar en capacidad nuclear instalada (Charleton, 2005). El 80% de su energía eléctrica proviene de las 59 centrales instaladas y el gobierno está planeando la construcción de un reactor de cuarta generación en la región de Flamanvillese capaz de generar mil 600 megavatios, del cual se espera que comience a operar en el año 2012 (El Mundo, 2006). Otro aspecto importante que muestra la postura del país frente a la energía nuclear es el hecho de que en el año 2005














                                                       
planta experimental de fusión nuclear del proyecto internacional ITER, visto por muchos científicos como crucial para resolver las necesidades de energía a nivel mundial en el futuro. El alto uso de energía nuclear ha colocado a Francia como el país con el segundo nivel más bajo en emisiones de carbón en Europa (Charleton, 2005).
Otro país a favor de la energía nuclear es Japón, con planes para expandir su capacidad nuclear a través de la construcción de cinco plantas nucleares adicionales. El país tiene el tercer lugar en producción de energía nuclear a nivel mundial, superado únicamente por Estados Unidos y Francia. Cerca del 30% de le energía eléctrica que el país consume proviene de plantas nucleares y se pretende incrementarlo hasta un 40% con el funcionamiento de las nuevas plantas para el año 2010 (El Mundo, 2006).
China también ha reafirmado su postura frente a la energía nuclear al revelar sus planes de expandir su número de plantas: planea construir entre 30 y 50 nuevas plantas nucleares antes del año 2020, para atender la gran demanda de energía por parte de su creciente población y del dinámico desarrollo que está experimentando su economía. Actualmente cuenta con nueve reactores que proporcionan el 2,3% del suministro energético del país, el que esperan incrementar con la apertura de las nuevas plantas (El Mundo, 2006). China es actualmente el país con las mayores emisiones de dióxido de carbono, desbancando a Estados Unidos, que ocupó este lugar por largo tiempo (Cernuda, 2007).
Gran Bretaña, primer país en construir una planta nuclear en Europa, hizo una declaración histórica al anunciar en enero de este año que el gobierno decidió crear una nueva generación de plantas nucleares, ampliando de esta manera su sector nuclear. Esta decisión de Gran Bretaña va de acuerdo con la postura de países como Francia, Finlandia, Bulgaria, Página | 5








                                                          
Rumania y Eslovaquia, así como otros países del continente europeo, de alcanzar los objetivos de bajas emisiones de carbón a través del uso de energía nuclear (Charleton, FORATOM, 2008). Fuera de Europa, el principal impulsor es Estados Unidos, país que obtiene el 20% de su energía eléctrica de plantas nucleares. En noviembre del año 2000, el presidente George W. Bush anunció la construcción de cien nuevas centrales térmicas y nucleares, y mencionó la necesidad de relanzar la energía nuclear (Castejón, 2004). Además de los países mencionados, algunos otros países que obtienen su energía eléctrica de la nuclear son Bélgica el 60%, Suecia el 42%, Suiza el 39% y España el 37% (Richard Rhodes, Denis Beller, 2004).
II. Los argumentos a favor de la energía nuclear
El sistema energético mundial está actualmente en crisis. El suministro de energía se basa mayoritariamente en fuentes no renovables y se consume a un ritmo insostenible. Nuestra civilización está basada en el uso de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo, y el gas natural, por lo que la transición hacia el uso de tecnologías limpias y renovables implica grandes cambios, pero es necesaria para el futuro del planeta y de la humanidad (Castejón, 2004). Este es el argumento más fuerte a favor del uso de energía nuclear, pues la idea es que la energía nuclear tiene pocos impactos ambientales y en los casos en que se han dado, han sido superados tecnológicamente. De acuerdo a dicha argumentación, el uso de energía nuclear disminuye las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero emitidos como residuo del uso de combustibles fósiles, por lo que contribuye a la lucha contra el calentamiento global (Castejón, 2004). Sobre todo en los países europeos se plantea la necesidad del uso de esta fuente de energía para cumplir los objetivos establecidos en Página | 6










III. Los argumentos en contra de la energía nuclear
La revista Forbes calificó a la energía nuclear como el mayor fiasco de la historia norteamericana y distintos bancos multilaterales, como el Banco Mundial, ya no financian proyectos relacionados a la energía nuclear por no ser consideradas eficientes, ya que las centrales requieren una gran inversión y tienen pocos años de vida (Greenpeace, 2007). Además del anterior, existen otros argumentos en contra de la energía nuclear, sobre todo debido a la incertidumbre que la rodea y el miedo que ocasiona en las personas por su relación con armas de destrucción masiva. Uno de los argumentos más importantes en su contra es que requiere uranio enriquecido como combustible para su funcionamiento. El uranio es un elemento extraído de la tierra, lo que lo hace un combustible no renovable, y por lo tanto finito. Algún día van a terminar por agotarse las reservas, lo que la hace una energía no sostenible a largo plazo. Si el número de centrales nucleares aumentara debido a la generalización del uso de la energía nuclear, el uranio se agotaría en un plazo de tiempo menor, lo que plantea un limitante importante para el desarrollo a gran escala de este tipo de energía (Castejón, 2004). La alternativa tecnológica existente es que se reemplazara el uranio por plutonio mezclado con uranio; el plutonio se obtendría reprocesando el combustible gastado de las centrales nucleares existentes. Este tipo de reactores son llamados reproductores o rápidos, y tienen muchas desventajas en comparación con los actuales en términos de seguridad, pues son refrigerados por sodio y el sodio reacciona con el agua, pudiendo incluso producir explosiones. Además de lo anterior, los residuos que este tipo de reactores producen son más radiotóxicos pues están compuestos por transuránidos.
El problema de la seguridad y los accidentes
Otro importante factor en contra del uso de la energía nuclear tiene que ver con la seguridad en las centrales y la propensión a accidentes como los que ya han ocurrido. Aunque el accidente más conocido por haber sido uno de los más grandes en la historia es el de Chernóbil, han sucedido otros como el de Harrisburg (Isla de las Tres Millas) en los Estados Unidos. Aunque los defensores de este tipo de energía argumentan que son muy seguras y el riesgo de accidente es bajo, la cuestión es que en caso de un accidente nuclear las consecuencias son catastróficas; basta con recordar lo sucedido en Chernóbil (Castejón, 2004). Los optimistas afirman que ningún sistema tecnológico es inmune a las fallas y a los accidentes, y así como están Página | 10
presentes en las plantas nucleares, lo están en muchas otras industrias y con posibilidades de graves consecuencias (Richard Rhodes, Denis Beller, 2004). En esto tienen razón; sin embargo, la fuga de radiactividad al medio ambiente puede producir graves consecuencias, muchas más de las que puede tener un accidente en otro tipo de industria. A pesar de las grandes inversiones en investigación nuclear y en su seguridad, el hecho es que no se puede garantizar su seguridad al 100% ni la perfección en las personas que las operan, por lo tanto el riesgo existe. Además, la seguridad nuclear tiene importantes huecos tanto por la falta de autoridad en los organismos reguladores y/o de los operadores, como por los nuevos fenómenos que se van descubriendo, y que agregan nuevas incertidumbres en lo referente a la seguridad del funcionamiento de las plantas (Castejón, 2004). Otro aspecto importante que se debe considerar es que las plantas nucleares se degradan rápidamente durante su funcionamiento, y es muy peligroso que trabajen en condiciones no óptimas. Permitir que una planta llegue a más de 30 años de vida útil aumenta el riesgo de un posible accidente (Castejón, 2004).

La radioactividad
Del mismo modo en que las plantas de carbón emiten dióxido de carbono como residuo de su actividad, las plantas nucleares emiten radiactividad como parte de su funcionamiento normal. De acuerdo al Consejo de Seguridad Nuclear, las chimeneas de las centrales emiten gases nobles, radioyodos y partículas de vida corta, pero el ritmo y la cantidad de











emisiones está controlada. Actualmente la cantidad de emisiones es baja; sin embargo, las consecuencias de la exposición durante largos periodos de tiempo sobre la salud humana y el medio ambiente pueden ser graves. Además, no sólo existen las emisiones de las centrales, sino que hay contaminación radiactiva procedente de todo el ciclo de combustible, incluido el proceso de extracción de uranio a través de la minería (Castejón, 2004). Los efectos ocasionados por la radiactividad se dividen en dos grupos: estocásticos o no estocásticos. Los primeros son aquellos en que no es posible establecer de forma cierta los efectos de una determinada exposición radiactiva; los segundos son aquellos en los que los efectos se producen de forma cierta y es posible establecer relaciones directas entre las dosis radiactivas y sus consecuencias. De acuerdo a esto, hasta las bajas dosis de radiactividad pueden tener efectos dañinos, y mientras el tiempo de exposición sea mayor, más probabilidades habrá de que los efectos sean más importantes (Castejón, 2004).
Los defensores de la energía nuclear argumentan que una planta nuclear de 1,000 MWe no emite contaminantes y sólo libera una cantidad de radiactividad per cápita menor que la encontrada en un viaje en avión, en un detector de humo casero o en un set de televisión (Richard Rhodes, Denis Beller, 2004).

Efectos nocivos en la salud de las personas en contacto con la energía nuclear
Existe gran controversia sobre los efectos que puede causar en la salud humana el contacto con la radiación emitida por la producción de energía













nuclear. El Nuclear Energy Institute, por ejemplo, afirma que la radiación a que se exponen las personas que viven en las inmediaciones de las plantas nucleares, es la misma a la que están expuestas cuando ven televisión. Los defensores también afirman que la exposición a bajas cantidades de radiactividad mejora la salud y alarga la vida debido a que funciona de la misma manera que las vacunas, estimulando el sistema inmunológico (Richard Rhodes, Denis Beller, 2004). Sin embargo, la Doctora Hellen Caldicott en su libro Nuclear Power is not the Answer, afirma que cada exposición aumenta el riesgo de desarrollar cáncer o de sufrir mutaciones genéticas (Motavalli, 2007). Está comprobado que la radiación ionizante es capaz de modificar al ADN genómico, es decir, muta la secuencia base de los genes. Esto es lo que tradicionalmente se ha considerado la base de los efectos nocivos de la radiación en la salud (Keith Baverstock, Dillwyn Williams, 2006).
Para los fines de este artículo se abordará en gran medida un estudio recopilado por la organización Greenpeace con el fin de mostrar los daños a la salud de las personas que tuvieron exposición con contaminación radiactiva tras el accidente nuclear de la planta de Chernóbil. El 26 de abril de 1986, la pequeña ciudad de Chernóbil en Ucrania, parte de la antigua Unión Soviética, fue testigo de la peor catástrofe nuclear en la historia. Esto ocasionó una grave contaminación radioactiva y severos daños a la salud de las personas que estuvieron en contacto, y que incluso en la actualidad, más de veinte años después, se siguen haciendo presentes en los ahora países independientes Ucrania, Bielorrusia y Rusia, los más afectados. La predicción es que los impactos de la contaminación estarán presentes durante muchos años, pues los principales elementos radioactivos liberados en la explosión tienen una vida larga. Por ejemplo, el Cesio-137
la planta por dos años (Wright, 2005: 356).

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